El 10º programa tuvo desafíos muy difíciles, tensión, emoción y una eliminación sorpresiva y muy sentida por los participantes.

Los aspirantes comenzaron el 10º programa de MasterChef Uruguay  con muchas expectativas y ganas de cocinar, luego de vivir desde el balcón el repechaje del programa anterior, que terminó con el regreso de Gabriel a la competencia.

La primera prueba consistió en preparar macarrones -macarons-, un plato estrella de la tradición pastelera francesa -la más famosa del mundo-, pese a que su origen, en realidad, es italiano. Consisten en unas deliciosas galletas hechas de clara de huevo, almendra molida, azúcar glas y azúcar, unidas con crema o ganache. Se trata de un postre poco común y difícil de elaborar, ya que no es fácil conseguir el punto exacto, por lo que a los participantes se les facilitó la receta. En 100 minutos, bajo mucha presión y nervios, tuvieron que preparar 12 unidades con dos sabores distintos, mitad y mitad. 

Sergio, Lucía y Laurent probaron todos los macarrones evaluando, además del sabor, tres aspectos clave: que estuvieran crocantes por fuera, esponjosos por dentro y la delicadeza de la presentación. Un participante se ganó todos los elogios del jurado y apenas dos más se ganaron el derecho a subir al balcón; el resto de los aspirantes, más Magdalena, que por razones personales no pudo participar en este desafío, pasaron a la prueba de eliminación.

Ya vestidos con sus delantales negros, los participantes ocuparon sus mesadas, donde los esperaban unas minicajas misteriosas que, esta vez, contenían el ingrediente que no podrían utilizar: nada más y nada menos que sal. Para sustituirla y dotar a sus platos de alma y vida, tendrían que cocinar con condimentos y especias de La Manchega. El jurado presentó los 14 tipos -azafrán, pimentón, nuez moscada, canela molida, tomillo, curry, clavo de olor, ajo y perejil, ají, orégano, pimienta negra, pimienta blanca, anís y comino molido-, de los cuales solo podrían elegir uno cada uno y no podrían compartirlo.

Los 60 minutos con los que contaron para preparar un plato con el protagonismo de su condimento o especia y tratar de impresionar al jurado, parecieron volar. Todos los participantes hicieron platos distintos; mientras cocinaban, se los veía muy concentrados y en algunos casos muy nerviosos. El tiempo finalizó y uno a uno presentaron sus platos. Antes de dar el fallo final, que por cierto fue dividido, el jurado felicitó a los aspirantes, entendiendo que hubo mucho trabajo y que notaron un crecimiento en todas las preparaciones.

Finalmente, cuando anunciaron el nombre del participante que debió abandonar la competencia, la caras de sorpresa y tristeza de sus compañeros no pudieron disimularse, ya que se trata de uno de los aspirantes más simpáticos y queridos, un verdadero líder positivo.

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